Cómo pasar de la cuna a la cama de forma segura

Última actualización: 13.11.19

 

El desarrollo de nuestro pequeño hace que nuestra vida diaria esté sujeta a todo tipo de cambios. Uno de los más importantes es el paso de la cuna a la cama, para lo que podemos apoyarnos en una barrera de cama como medida para evitar accidentes.

 

El hombre es uno de los animales que menores capacidades tiene en sus primeros años de vida. Por eso, el proceso de crecimiento y desarrollo de los bebés se va convirtiendo en un pequeño compendio de grandes saltos, a medida que la edad y la maduración van haciendo de las suyas. Algo que afecta a la alimentación, al juego y también al descanso. La prueba la encontramos en que en poco tiempo nuestro bebé pasará de la cuna a la cama a la hora de dormir.

Sin embargo, este proceso no está exento de riesgos, como son las caídas que pueden producirse en aquellos niños que tengan tendencia a moverse por la noche. Algo que se combina con una mala ubicación espacial durante el sueño, lo que puede ser causa de accidentes y caídas. Por eso, en esta fase del desarrollo de nuestro pequeño, contar con una barrera de cama adecuada a sus características y necesidades puede ser de gran ayuda. 

 

Eligiendo el momento

La paternidad es una época cargada de dudas y, entre ellas, también tenemos la de cuando debemos pasar de la cuna a la cama. Por suerte, con un poco de vista nos será fácil percibir ese momento.

El primer punto que nos da pistas al respecto tiene que ver con el tamaño de nuestro pequeño. Cuando el niño tiene una altura y una envergadura que provoca que la cuna se le quede justa para descansar es el momento de empezar a plantearse el cambio. Algo parecido ocurre cuando nuestro pequeño tiene las habilidades necesarias como para descansar en una cama de forma segura. Un momento que algunos profesionales sitúan en el momento en que echan a andar, aunque si duermen con nosotros en la habituación esto tampoco es imprescindible.

Como último detalle tenemos que hablar de los riesgos. Si nuestro pequeño tiene afán escalador y todo su empeño es el de saltar de la cuna entonces es momento de eliminar la misma. Por cierto, este afán también nos demuestra las habilidades motrices a las que hacíamos referencia antes.

Respecto de la edad, dado que el desarrollo de cada niño es concreto y particular, no es posible establecer una edad concreta para el cambio. No obstante, lo habitual es que el mismo se realice desde los 2 a los 3 años, principalmente por las cuestiones de espacio que hemos referido. Aunque también es cierto que hay niños que, por diferentes motivos, no llegan a pasar por la cuna y pasan directamente a la cama.

 

 

Qué nos ofrecen las barreras de cama

Pongámonos en situación: un lugar nuevo para dormir, probablemente lejos de la cama de los padres y con un niño que, pese a tener ciertas habilidades, todavía carece de la madurez como para dominar el espacio de forma segura. Si a ello le añadimos la inquietud y el movimiento propio del descanso de los más pequeños tenemos todos los ingredientes necesarios como para que nuestro dormilón pueda acabar en el suelo.

Aquí es donde nos ayudan las barreras de cama. Estas barreras eliminan el riesgo de caída lateral derivada del movimiento de nuestro pequeño, de modo que cuando se muevan durante el descanso quedarán recogidos por la barrera y evitaremos esos accidentes. A esto ayuda considerablemente el modo de construcción de las barreras, que se sujetan directamente bajo el colchón, ofreciendo así una resistencia mayor a la del peso del niño. Algo que evita posibles vuelcos de la barrera en caso de que nuestro pequeño se apoye sobre ella.

 

Eligiendo la barrera correcta

Para que la barrera tenga la seguridad necesaria para cuidar del descanso de nuestro pequeño es clave que la misma reúna ciertas condiciones y parámetros técnicos. Uno de ellos tiene que ver con el ancho de la misma. La primera barrera para cama puede ser algo más pequeña, de unos 90 centímetros de largo (a lo largo de la cama), aunque si son para niños más mayores o pesados se recomienda pasar directamente a las barreras de 120 o 150 centímetros de altura.

Respecto de la altura, la misma ronda suele estar sobre los 40 centímetros aproximadamente. No obstante, algunos fabricantes ofrecen modelos de gran altura, que son los recomendables para aquellas camas que tienen colchones de un grosor elevado. Pensemos que la altura de protección real es la resta entre la altura total de la barrera menos el grosor del colchón, por lo que en las camas con colchones de 25 o 30 centímetros esta altura de seguridad puede ser muy reducida.

 

 

Ya que hablamos de seguridad, una buena barrera de cuna debe contar con ciertos elementos, para evitar otro tipo de accidentes. Uno de estos elementos es el acolchado de las partes metálicas con las que se construye el bastidor. Este acolchado debe impedir que nuestro pequeño se golpee accidentalmente con estas partes duras mientras se mueve. Algo parecido pasa con la zona interior, que debe combinar una buena resistencia con una construcción transpirable, de modo que si el niño quedase con la cabeza apoyada en esta zona no exista riesgo de asfixia.

Finalmente, conviene recordar que no todas las barreras de cama son iguales, en lo que a sus aplicaciones se refiere. La prueba la tenemos en las barreras de cama altas que hemos comentado ya. Pero también hay modelos específicos para su montaje en las camas nido, que por sus características pueden no disponer del espacio necesario como para montar una barrera de cama convencional. 

No te olvides de revisar, ya que estamos, que la barrera de cama sea abatible y plegable. Dos elementos que te darán mayor comodidad a la hora de hacer la cama o guardar la barrera cuando no la estés usando y que no debemos dejar de lado cuando queramos comprar la mejor barrera para cama (Aquí puedes encontrar unas opciones para comprar) para nuestro pequeño.

 

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