Parques infantiles de tela: una novedad muy artística

Última actualización: 15.11.19

 

Los parques infantiles han estado presente en nuestras vidas desde hace décadas, el surgimiento de estas zonas diseñadas para el esparcimiento de los niños ha ido evolucionando con los años para adaptarse a nuevas actividades que divierten a los pequeños, priorizando siempre el ejercicio físico y el desarrollo de las relaciones interpersonales, además de los momentos divertidos que seguramente pasamos allí durante nuestra infancia.  

Es por ello, que es muy normal que al pasar por un parque te sientas tentado a entrar en ellos y disfrutar de toda la diversión que prometen sus distintas instalaciones. Dejándote llevar por el vaivén del columpio, las divertidas caídas de los toboganes o el sube y baja del balancín.

Este impulso puede ganar a veces, haciendo que dejes a un lado la vergüenza y te sientas libre de recordar con hechos aquellos momentos de felicidad infinita, donde te sentías libre como el viento y capaz de cualquier cosa.

Sin embargo, estos espacios han cambiado mucho, consiguiendo que la seguridad sea lo fundamental para cualquiera de estas locaciones.

 

Parques infantiles de tiempos pasados

Hace algunos años atrás, los parques eran una enorme colección de peligros latentes, donde los niños debían divertirse esquivando diversos peligros, como los afilados entramados de metal o las caídas en asfalto o grava que les dejaron cicatrices imborrables en las rodillas a más de un niño.

La distracción que proponían los parques era sin limitaciones, permitiendo que los niños desarrollaran un “sentido de supervivencia” y de “autoconservación” importante.

A pesar de ello, los riesgos fueron estimados como demasiado altos, por lo que la evolución impidió que pudieran seguirse viviendo estas aventuras y manteniendo el espíritu principal que era la diversión.

 

 

Historia de los parques

Antes de la creación de los parques infantiles, los niños se dedicaban a corretear de un lugar a otro, a darle patadas a un balón o a cualquier objeto que pudiera hacerse pasar por uno (como las latas), acabando cansados, llenos de polvos y arañazos en distintas partes del cuerpo, las cuales se limpiaban al llegar a casa para estar listos al día siguiente y seguir con la diversión.

Estos lugares eran explanadas de tierra conocidos como descampados y ofrecían a los pequeños la diversión que no podían obtener de ningún otro modo.

El gran cambio se dio después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Aldo van Eyck, un arquitecto holandés que concibió la idea de darle a la ciudad de Ámsterdam un poco de vida y un lugar para que los niños pudieran divertirse.

De esta manera, se dio inicio a la construcción de los primeros columpios, puentes y otros elementos de los parques infantiles. Esta fue una forma innovadora de ver el mundo, ya que nadie había reparado en los niños como usuarios que necesitarán un lugar donde pasar el tiempo.

Es a partir de entonces cuando los parques infantiles comenzaron a encontrarse por distintos lugares del mundo, como plazas, avenidas y, en ocasiones, en espacios  diseñados especialmente para ellos dentro de centros comerciales, estadios, entre otros.

Su evolución ha sido clara, puesto que la diversión y no la seguridad era lo primordial en estos establecimientos y, en la actualidad, la seguridad ha pasado a un plano fundamental, sin perder el enfoque divertido.

 

Los parques en el mundo

Otra cosa que cambió Aldo Van Eyck fue la forma de ver las cosas, por lo que en nuestros tiempos existe toda una generación de diseñadores trabajando desde la perspectiva de los niños para lograr construir parques infantiles cada vez más divertidos y atractivos para todos los niños.

Esto permite que puedan señalarse algunos como la obra danesa Monstum, el Parque Gulliver en Valencia, los cerditos de madera de Madrid Río y el patio del Colegio Mirabal en Boadilla del Monte.

A pesar de que estos parques cuentan con diseños muy interesantes, pocos se pueden igualar a los parques “construidos” por Toshilo Horiuchi MacAdam. En realidad, construcción no es el término correcto para hacer referencia al arte que realiza esta artista japonesa-canadiense, puesto que en lugar de utilizar acero o madera, se inclina por los encantos de cuerdas e hilos.

En general, su trabajo emplea las técnicas del crochet y el ganchillo para crear grandes superficies textiles. En estos espacios casi ingrávidos es donde los niños y, porque no, algunos adultos se dejan columpiar, corretean y juegan utilizando estas redes flexibles como soporte en sus aventuras.

 

 

Del arte al parque

La propia Toshiko Horiuchi cuenta que sus primeras piezas fueron concebidas como objetos de arte, siendo esta la finalidad para la cual trabajó duro durante años. No obstante, en una exposición, un grupo de niños decidieron utilizar sus redes como sitio de juegos, rompiendo las normas y los protocolos existentes para la observación de estos ejemplares.

Fue justo en ese momento cuando Horiuchi notó que su obra acababa de cobrar un nuevo objetivo, salir de las frías galerías de arte y tomar su verdadero lugar con el calor de los niños.

 

Instalación de los parques

Estos parques pueden encontrarse en Japón siendo la atracción principal del Museo al Aire Libre de Hakone o del Parque Nacional Takino Suzuran. Sin embargo, no son los únicos lugares en los que se pueden encontrar, puesto que también encuentras piezas tanto en Corea como en Zaragoza, logrando una popularidad casi mundial.

Son elementos perfectos para mantener a los niños distraídos y cuentan con medidas de seguridad que hacen que los padres puedan permanecer confiados. Además, mirando a los niños juguetear con estas creaciones se puede ver a ciencia cierta cómo de bien se lo pasan entre sus pelotas de goma, flotadores, cuerdas e hilos.

Hoy en día y, a pesar de tener más de 70 años, Toshiko Horiuchi MacAdam sigue elaborando sus tejidos a mano, brindándole a cada uno la dedicación y el amor que necesitan para ser piezas únicas.

 

Diversión sobre hilos

No hace falta colocarle mucha imaginación para poder establecer lo divertido que debe ser jugar en un parque textil, puesto que las fotografías de las estructuras hablan por sí mismas.

Poder colgarse de lo alto o flotar en una red forma parte de jugar y del encanto de probar una de estas nuevas atracciones, las cuales son innovadoras y apropiadas para el desenvolvimiento de los niños.

 

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